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Recuerdo que a fines de los noventa, una amiga
me comentaba a veces, de los Talleres que se
organizaban en Rosario de la Terapia del Canto,
por su creador.
Al igual que cualquier persona que escucha por
vez primera de una actividad así, mi expresión
era similar a lo expuesto más arriba, en ¿Es
necesario saber cantar?.
Es decir que no me consideraba para nada, apto.
Menos aún si tenía que participar del trabajo
corporal. Digamos que ni siquiera me dignaba a
escuchar un cassette que tenía a disposición en
el ámbito laboral compartido con aquella
persona.
Luego de un tiempo decidí llevarme el cassette
para escucharlo y utilizarlo en mi espacio de
Yoga. Igualmente no estaba convencido para nada
que fuera algo realmente interesante para mí.
Pero un día, uno de mis alumnos, luego de
escuchar esas composiciones que utlicé como
parte de otros registros musicales especiales
para crear un clima armónico en la clase; me
pregunta “quiénes son los que cantan?..., porque
en la radio nunca los oí.” Un vendedor ambulante
de los que habitualmente suben a los colectivos
diría, tratando de mejorar su oferta: “Y como si
ésto fuera poco..!”.
Bueno, debo de expresarme igual porque como si
ésto fuera poco, cuando otros alumnos de Yoga
pertenecientes a la ciudad de Roldán me hicieron
comentarios similares, ya “la cosa estaba
sonando diferente y al mismo tiempo demasiado
coincidente”.
Empecé a escuchar más que a oir, esas melodías
tan excelentemente compuestas (Mira sólo la Luz,
La Paz cantamos, Hay una sola Religión, etc.), y
“la cosa estaba sonando... cada vez más fuerte
aún”
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